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martes, 23 de agosto de 2011

Yo no amo la vida...

"Yo no amo la vida, sólo algunos momentos de ésta..."

Es una frase que la vengo pensando desde hace no mucho, tal vez unas semanas.

Porque para mí es así: la vida puede parecer como una tierna oveja (O no sé cual es la bestia más adorable, que no sea yo), aunque por dentro es un lobo (O no sé cuál es la bestia más salvaje) dispuesto a devorar a cualquier salame que se trague TODO lo "bueno" que ésta le brinda.

Me gustan los pequeños momentos de la vida, como pasarla bien con amigos, escuchar música... (En fin: lo que me gusta) como, obviamente, a mucha gente.

¿Y qué hay de los desdichados momentos de la vida? En ocasiones odiamos todo, desde la familia, el mundo, el día que nacimos hasta nosotros mismos.

Lamentarse, llorar, deprimirse como si nada tuviera remedio... son posibles reacciones y, en ese momento, las únicas salidas que podemos ver.

Pero no está mal mirar un poco más allá; es decir, secarse las patéticas lágrimas de cocodrilo y hacer frente a lo que no nos cae bien.

¿Como qué? Qué sé yo. Yo, personalmente, hay cosas que casi nunca me caen bien y, sin embargo, tengo que convivir con lo que yo llamo "la mierda de la vida".

Puede importarme un carajo y medio, puedo ni siquiera pensar en ese tipo de "mierda", puedo putearle para que se escuche hasta la última esquina del mundo, también (Éstá última es la que más uso, ya que me siento más liberado, menos reprimido).

Hay muchas opciones que cada persona va a encontrar para sacarse el odio (Por decir) que siente por muchas cosas (O personas, ¿por qué no?) que no le caen bien.

Y acá me despido, haciendo una de las tantas que me gusta hacer: escribir para sacarme lo que tengo de adentro, lo que me pide salir y no me puedo negar a eso, sino me odiaría a mí mismo (Bueno, un poco más de lo que ya me odio).

lunes, 4 de julio de 2011

Dolor de cabeza

Una onda así, pero más real, es como me suelo sentir a veces.

Hace un par de días que vengo con ésto, no lo puedo sacar ni tragar, sólo sigue ahí, como intacto.
Aunque cuando me olvido de él, desaparece, pero sólo momentáneamente.
Y me vuelve a cagar el momento en que estaba haciendo algo tranquilo o útil (O no útil).

¡Pero bueh! De a poco, me acostumbro a convivir con el dolor, es algo para nada placentero, pero satisfactorio.
Duele por acá, duele por ahí, duele por el otro lado; duele en muchos lugares a la vez, pero nunca la combinación de todos esos dolores en un solo lugar.
Y todo empezó cuando me golpeé, sin que querer, la cabeza, un día que estaba a punto de irme a dormir.

Habré puteado de lo lindo, sí, no lo voy a negar.
Pero, también, la música hace bastante por mí.
Me acuesto, me pongo los auriculares y activo el reproductor de música.

Canciones en español y en inglés; de rock nacional, de punk, de hard rock, de baladas (De rock, obvio), de metal...
Hasta que el sueño gana, me quito los auriculares y quedo dormido, así hasta el otro día, con el celu-despertador no muy temprano, aunque quede dormido una hora más a la hora que va a sonar.
Al otro día, el dolor vuelve (Y sigue lo del día anterior).

Día largo, muchas cosas por hacer (Por más que recién hayan empezado las vacaciones de invierno), mil líos, mil cosas en qué pensar y, por si fuera poco, el mismo dolor.
Ahora bien, me pregunto: ¿Cómo carajo le hacen los que tienen más responsabilidades que yo? ¿Los que no tienen tiempo ni para mandarle un SMS a su familia para saber cómo está?

O, por lo menos, también, ¿Cómo le hacen los que no tienen ni una responsabilidad? Porque sólo debería importarle su subsistencia.
Eso sí, de verdad, sería un gran dolor de cabeza, estallaría.
Aunque siempre hay solución.

La música, como dije antes, me salvó en muchas ocasiones.
¿Qué te hace sentir bien a vos?
Música, amigos, día al aire libre, lejos de la ciudad, lejos de cualquier ruido molesto a los oídos de uno, lejos de lo cotidiadno, lejos de lo mismo, lejos...

Hay solución a todo y, si no, hay calma.
Pero siempre es posible dejar lo mismo por algo que nos haga sentir mejor, que nos haga tener paz mental.
Y no me arrepiento, por ahora, de lo que estoy diciendo.

Y ya, para terminar, dejo de escribir, porque el dolor de cabeza me está matando.

martes, 24 de mayo de 2011

El hijo de Hernández

Canción: El Hijo de Hernández
Artista: El Cuarteto de Nos
Álbum: Bipolar (17 de Septiembre de 2009)



Soy quien soy, no preciso identificación,
Sé bien de dónde vengo y dónde voy,
Porque soy lo que soy y no quien quieras vos...

Usted me confunde y no sé qué pretende
Ya le expliqué, pero se ve que no entiende
Y esa equivocación es un error grande
¡Yo no soy el hijo de Hernández!

Qué me importa que diga ese papel,
No tengo nada que ver con él
No voy a mentir, aunque me lo demande
¡Yo no soy el hijo de Hernández!

Usted se piensa que soy cínico
¿Qué culpa tengo yo de la casuística?
Si mi apellido es idéntico,
Es lógico, dice la estadística...

No me siga, ni me pida
Que sea cómplice en su mentira...

Soy quien soy, no preciso identificación,
Sé bien de dónde vengo y dónde voy,
Porque soy lo que soy y no quien quieras vos...

Mi personalidad no va a cambiar,
Porque alguien diga cómo tengo que actuar
Pero yo no permito que a mí nadie me mande
¡Yo no soy el hijo de Hernández!

No voy a ser otro porque a usted le conviene,
Aunque mi declaración me condene,
Se quién soy, ande donde ande
¡Yo no soy el hijo de Hernández!

No entiendo nada de genética,
Pero aún no soy tan esclerótico,
Como para creer que soy la réplica
De mi trágico árbol genealógico...

No me siga, ni me pida
Que sea cómplice en su mentira...

Soy quien soy, no preciso identificación,
Sé bien de dónde vengo y dónde voy,
Porque soy lo que soy y no quien quieras vos...
¡Yo no soy el hijo de Hernández!
¡Yo no soy el hijo de Hernández!

Sé de dónde vengo, sé dónde voy,
Por eso, sé dónde estoy, no me avergüenza lo que soy,
Sé cuál es mi lugar y a dónde pertenezco,
Lo que no me corresponde y lo que merezco...
Soy sangre de mi sangre y soy mi costumbre,
Mis hábitos y códigos y mis incertidumbres,
Soy mis decisiones y mis elecciones,
Soy mis acciones, solo y en la muchedumbre...
Soy mis cadencias y mis creencias,
Soy mi materia y mi esencia,
Soy mi presencia, mi ausencia, mi conciencia
Y mi experiencia, soy mi procedencia
Soy mi pasado y mi vigencia,
Soy mi herencia y mi experiencia
Y esta vivencia es la referencia
Con otros me une y me diferencia...
Por eso no pido que mi camino desande,
Seguiré erizando, aunque me desbande,
Que mi voz rebote contra los Andes
¡Yo no soy el hijo de Hernández!

¡No, no soy el hijo de Hernández!
¡No, no soy el hijo de Hernández!
¡No, no soy el hijo de Hernández!
¡No, no soy el hijo de Hernández!

Soy quien soy, no preciso identificación,
Sé bien de dónde vengo y dónde voy,
Porque soy lo que soy, y no quien quieras vos...

sábado, 23 de abril de 2011

¿Qué onda?

Eran las 10 y media de la noche de un sábado de mediados de septiembre u octubre del 2010. Me encontraba solo, escuchando música, en un cyber, con $35 en el bolsillo y ya a punto de irme a dormir. Lo pensé, detenidamente: "Sábado, $35, aburrimiento de la San Puta. Más que dormir, me iría de fiesta por ahí.". Esa fue una mejor idea, pero no tenía con quién ir.

Estaba a punto de cerrar mi cuenta de Féisbuk, cuando uno de mis mejores amigos (Que también es mi hermano) me propone para ir al boliche, por el pedorro chat de mencionado sitio anteriormente. Me prendí al toque, sin pensarlo. "¿Me visto para matar o sólo para cazar?" le dije, bromeando, "Andá como vos quieras" me contestó. Cerré la cuenta, fui a mi casa y me preparé para esperarlo a las 12 y media.

Tenía puesto una remera buena (Que no me acuerdo cuál era, por cierto), unos pantalones de jean verde y lo mismo la campera, aunque ésta era azul. Ya en la primera hora y media del domingo, fuimos en bondi con mi amigo y otro amigo más. Los tres nos veíamos de diez, bien apuestos, aunque cada uno teníamos una onda diferente. Alcohol (Moderado, en mi caso), música y baile: la mejor combinación para olvidarse de hasta quién es uno mismo. Los días siguientes, bueno, sólo comentando lo bien que lo pasamos esa madrugada y ya planeando qué hacer el finde siguiente.

Y, el tema de hoy, es eso. La onda de uno.

Muchos o algunos o alguien, alguna vez, te ha(n) dicho: cómo tenés que vestirte, cómo tenés que actuar, cómo tenés que comportarte, qué tenés que hacer, etc. Y, eso, de seguro, te habrá ahogado. Ni siquiera de recordarlo todo. Pero, la verdad, es que nadie dice ni debería interferir en las decisiones personales, si a uno no le gusta.

Yo tengo un dicho (Que, por cierto, acabo de inventarlo) y sería: El hombre (También la mujer, obvio, también, no voy a ser machista) es el/la que hace su onda, no al revés. Y es así. Mientras uno/a esté cómodo/a con lo que lleva puesto, no debería importarle lo que digan los demás de lo que tiene o no.

Porque, en éste mundo, hay 3 clases de personas: las que saben quiénes son, las que no lo saben y las que buscan ese saber. La primera y tercera persona son rescatables, porque van a hacer o decir lo que sienten, porque se sienten seguros/as de sí mismos/as. En cambio, la segunda, siempre va a estar en el abismo, siendo pisoteado/a, dejando que los demás hablen y hasta piensen por esa persona.

Y ya, para ir terminando, nada debería importarte si te sentís seguro/a. Eso es todo, por ahora. Es un buen tema, creo, tal vez más adelante lo continúe.